Cultivar la paciencia (ojalá florezca)
Ayer tenía una cita a las 5:30 de la tarde. Me había comprometido a llegar puntual. Pedí carro a 10 para las 5, pensé que serían suficientes cuarenta minutos. Pero mi lógica comenzó a estrellarse con la realidad.
Ningún conductor aceptaba el viaje. Uno tomó la solicitud y, unos minutos después, la canceló. Tuve que esperar de nuevo hasta que otro aceptó. La aplicación indicaba que llegaría en seis minutos.
Ahora sí iba en camino. Avanzamos algunas calles y todo parecía ir bien. Unos diez minutos después caí en cuenta de que el joven conductor iba disfrutando el recorrido. Sin afanes. Un perrito jugando en el anden era suficiente para que él se quedara contemplándolo y redujera la velocidad para verlo.!Ay, pero, señor, avance!, decía a mis adentros.
A ese ritmo llegaría tarde. La aplicación decía que estaría en el lugar a las 5:40 de la tarde; luego, 5:45; luego 5:50.
Entonces me pregunté si tenía sentido enojarme con el conductor. Pensé que quizás debía reclamarme por no salir mucho más temprano. Finalmente, tomé la decisión de calmarme.
El tiempo era el que era.
Paciencia, me repetí varias veces en un trancón.
Paciencia me repetí cuando el conductor se entretenía mirando a un lado o al otro.
Paciencia conmigo porque no soy de esta ciudad y a veces olvido que es complicado andar en carro.
Finalmente, concluí, quizá sería mucho mejor practicar la puntualidad. La próxima vez intentaré salir más temprano.
No siempre podré controlar las circunstancias, pero sí puedo controlar la hora a la que decido salir de casa.
Sonalys Borregales Blanco
26 de julio de 2026
